sábado, 22 de septiembre de 2012

El título va al final... siento ser tan retorcido.

Ella abrió los ojos y comenzó el espectáculo más bello del mundo.

Sin payasos ni malabaristas nos dejo a todos con la boca abierto.

No había trapecistas pero todos sentimos el vértigo.

Fueron unos minutos, unos segundos quizá. Luego pestañeo y se fue con el príncipe.

Allí nos quedamos los siete; tras esperar y esperar esa mirada durante años con ganas de que el cuento acabase bien.

No pudo ser.

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