domingo, 30 de noviembre de 2014

No hay manera.



Escríbeme un cuento, me pedía constantemente.

Pero nunca se dejaba

Siempre decía que el boli sobre la piel le hacía daño.


domingo, 9 de febrero de 2014

Los domingos.

Cada domingo mi abuelo preparaba chocolate para todos.

Hasta que la Guardia Civil lo detuvo y arrancaron las plantas.

Desde entonces, los domingos se parecen a cualquier otro día. Y mi abuelo, a los de los demás.

martes, 4 de febrero de 2014

domingo, 19 de enero de 2014

Limpieza.

Cada día escribo un cuento y tiro dos a la basura.

No es un error de cálculo es una depuración interna, una selección natural.

sábado, 28 de diciembre de 2013

Día de los inocentes.

Con fecha de hoy, 28 de diciembre, recibo un correo de una editorial. Rehusan mi manuscrito Cuentos del abuelo.

De no ser la respuesta habitual pensaría que es una inocentada  (¿o lo es?).

martes, 24 de diciembre de 2013

Posticuentos de Navidad. 2.2

Ante la falta de postales, de cenas y copas navideñas comencé a plantearme seriamente mi falta de amigos.

Tomé una decisión.

Deje de celebrar la navidad.

lunes, 23 de diciembre de 2013

De prestado/robado

Hoy vivo de prestado de JORGE M MOLINERO

La primera vez había una tos nerviosa que
sólo calmaba la cocaína. Luego lo cogimos gusto y
cada 4 o 5 meses volvíamos. Yo hacía un gran esfuerzo
para quedarme preñada de nuevo, me tiraba a todo
lo que se movía y contenía las ganas de tragármelo
y que me diesen por el culo, lo que de verdad me gusta.
Pero era tan bonito, tan excitante, que hurgaran en mi cuerpo
aquellos carniceros de tez blanquecina. Me veían y los colmillos
empezaban a gotear de gusto.
Me abría para ellos, hundían sus fauces en mi estómago, arrancaban
el feto y después lo admirábamos como a un amanecer.
Jugábamos al fútbol con esos cuerpos pequeños, a las cocinitas
con sus almas. Después empecé a llegar con la preñez avanzada, era
mucho más que un espectáculo. Poníamos la mesa en la sala de
espera y nos enfadábamos con ellos porque no comían, aquellos
fetos tan bien hechos, sólo les faltaban las orejas, que son lo más difícil
de hacer por su complejidad de cartílagos.
Y así, en aquella clínica, todas las zorras pasábamos el tiempo,
nuestro parque temático, las orgías con los vampiros, el calor que
me ofrecía la mesa de operaciones.
Y nos lo quieren quitar. Pero he comprado en la Teletienda,
un juego de cuchillos de cerámica para jugar yo sola.
Nadie es mejor vampiro que una misma.


Jorge M. Molinero
Consigue su libro en este enlace